El fast-fashion como hiperobjeto y el futuro del tejido inteligente
Cuando compramos una camiseta de Ecoalf creemos estar haciendo lo correcto. Pagamos más, nos sentimos responsables y seguimos con nuestra vida. Pero como ya analicé en el Reto 1, esa sensación de responsabilidad es en sí misma una trampa diseñada por el capitalismo para seguir creciendo sin que nadie lo cuestione. El problema no es la camiseta, es el sistema en el que existe.
Un ejemplo que lo ilustra de forma casi surrealista es ver a políticos de extrema derecha, que niegan públicamente el cambio climático, luciendo prendas de Ecoalf. La marca ha conseguido desvincularse tan completamente de sus propios valores que quien rechaza la agenda ecológica la lleva puesta sin ningún pudor. La sostenibilidad se ha convertido en estética, no en compromiso (Vox, 2024).
Para entender la magnitud real de ese sistema el concepto de hiperobjeto de Timothy Morton resulta muy útil. Como señala Belsunces (2023), un hiperobjeto describe entidades inmensamente distribuidas en el tiempo y el espacio que desbordan los contextos locales y tienen efectos que perduran durante generaciones. El fast-fashion es exactamente eso. No podemos verlo entero, solo sus efectos locales: una camiseta aquí, un vertedero textil en Ghana allá, microplásticos en el Ártico, pesticidas en un río de Bangladesh, emisiones de carbono repartidas por todo el planeta. Cada pieza parece pequeña e insignificante pero juntas forman un sistema que consume el 10% de las emisiones mundiales de carbono y genera 92 millones de toneladas de residuos textiles al año (Ecoalf, 2023).
El diseño ha sido cómplice de este hiperobjeto. Como explica Belsunces (2023), el diseño tradicional ha participado activamente en la reproducción de las dinámicas extractivistas y consumistas del capitalismo, produciendo objetos diseñados para durar poco y ser sustituidos rápidamente. La obsolescencia planificada no es solo cosa de los móviles o los electrodomésticos, es el motor invisible de la industria de la moda. Y como apunta Fry (2020) con el concepto de desfuturización, cada temporada de colecciones nuevas es una pequeña hipoteca sobre el futuro del planeta.
Pero si proyectamos estas dinámicas 40 años hacia adelante y las llevamos hasta sus últimas consecuencias, algo tiene que cambiar. La pregunta es cómo y a qué precio.

eSkin Tech: una segunda piel para el siglo XXI
En 2065 el fast-fashion tal como lo conocemos ha desaparecido. No porque el capitalismo haya colapsado sino porque ha evolucionado, igual que evolucionó cuando llegaron las cámaras digitales y Kodak desapareció por no saber leer el cambio. Las marcas que sobrevivieron fueron las que apostaron por el tejido inteligente.
El eSkin es una prenda basada en nanotecnología que se adapta a tu cuerpo, cambia de color, forma y textura según tus necesidades y las condiciones del entorno (Wikipedia, 2024). No se mancha, no se destruye, regula tu temperatura corporal y puede volverse rígida en milisegundos para protegerte ante un impacto brusco. Se alimenta de tu propio cuerpo, de la energía cinética que generas al moverte, del calor que desprende tu piel y de la luz solar. No necesita energía externa ni lavados ni mantenimiento, lo que reduce además millones de litros de agua que hoy se consumen en el lavado de prendas convencionales (Youtube, 2024). Una sola prenda para toda la vida.
Su materia prima proviene en parte de los residuos textiles acumulados durante décadas del fast-fashion, convirtiendo el problema en solución. A través de una plataforma digital puedes adquirir diseños de creadores de todo el mundo para personalizar su apariencia, generando una nueva industria creativa que sustituye a la manufactura física. Como señala Belsunces (2023) al hablar del capitalismo de plataforma, el modelo de negocio se desplaza de la producción de objetos físicos a la venta de acceso a contenido digital, pero las lógicas de mercado permanecen.
Y aquí reside la paradoja central del objeto. El eSkin resuelve el hiperobjeto del fast-fashion pero reproduce las mismas desigualdades de siempre. Como ocurre hoy con Ecoalf, la sostenibilidad vuelve a ser cara (El Economista, 2023; Mujer Hoy, 2024). Las versiones más avanzadas de este nuevo tejido solo estarán al alcance de una minoría con alto poder adquisitivo mientras las versiones más básicas llegarán al sur global con menos prestaciones y menor durabilidad. La brecha no desaparece, se reproduce dentro del propio objeto. Como apunta Escobar (2017) con la lógica extractivista, los beneficios se concentran en el norte y los costes siguen recayendo en los mismos de siempre, ahora no en forma de fábricas contaminantes sino de trabajadores textiles del sur global que pierden su medio de vida sin una transición garantizada.
He pensado en posibles salidas a esta paradoja. La primera sería que los estados subvencionaran el eSkin como bien básico, igual que la vivienda o la sanidad, convirtiendo la sostenibilidad en un derecho y no en un privilegio. Como propone Hickel (2020) con el decrecimiento, el objetivo no es crecer más sino distribuir mejor. La segunda, más radical y perturbadora, sería imponer una vestimenta mundial única, lo que eliminaría el fast-fashion de golpe pero nos llevaría a una distopía que recuerda más a un régimen autoritario que a una sociedad libre. Y en cualquier caso alguien tendrá que hacerse cargo de los millones de trabajadores del sector textil que perderían su medio de vida. Porque una transición ecológica que abandona a las personas no es una transición correcta, es otra forma de extractivismo, y eso tiene muchos más riesgos que cosas positivas.
El eSkin Tech no es la solución perfecta. Es algo más incómodo que eso, un objeto que hace cosas buenas de verdad pero dentro de un sistema que sigue funcionando con las mismas reglas de siempre. Y quizás esa incomodidad sea su mayor virtud como objeto especulativo, porque nos obliga a preguntarnos si queremos un futuro sostenible para todos o solo para quienes puedan permitírselo.
Esta pregunta conecta con dos proyectos que me han acompañado durante este reto. El primero es No. 1, Robots de Dunne & Raby (2007), donde el Robot 4 nos recuerda que los objetos más inteligentes se diseñan dependientes para que sigamos sintiéndonos en control. El eSkin Tech hace algo parecido, nos vende la ilusión de ser responsables con el planeta mientras el sistema sigue produciendo las mismas desigualdades de siempre. El segundo es Sporae Vita de Belsunces (2021), una instalación que construye un imaginario de futuro sostenible para organizar el presente. Eso es exactamente lo que intenta hacer el eSkin Tech, proyectar un escenario especulativo que nos obligue a repensar cómo consumimos hoy, sabiendo que el futuro no está escrito y que las preguntas que nos hacemos ahora son las que lo construyen.
Bibliografía
Belsunces Gonçalves, A. (2021). Sporae Vita [instalación]. Marte, el espejo rojo, Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Consultado el 28 de abril de 2026 en https://andreubelsunces.net/es/projects/sporae-vita-2/
Belsunces Gonçalves, A. (2023). Diseño crítico y social (1.ª ed.) [recurso de aprendizaje textual]. Fundació Universitat Oberta de Catalunya (FUOC).
CCCB. (2021). Marte. El espejo rojo [exposición]. Centre de Cultura Contemporània de Barcelona. Consultado el 28 de abril de 2026 en https://www.cccb.org/es/w/exposiciones/marte
Dunne, A. y Raby, F. (2007). Technological Dreams Series: No. 1, Robots [proyecto de diseño especulativo]. Comisionado por z33. Consultado el 28 de abril de 2026 en https://dunneandraby.co.uk/content/projects/10/0
Ecoalf. (2023). ¿Qué es el fast-fashion? [en línea]. Consultado el 27 de abril de 2026 en https://ecoalf.com/blogs/blog/que-es-el-fast-fashion
El Economista. (2023). Rafael Medina en el negocio de la marca de moda eco que usa la reina Sofía [en línea]. Consultado el 27 de abril de 2026 en https://www.eleconomista.es/informalia/famosos/noticias/12175493/03/23/Rafael-Medina-en-el-negocio-de-la-marca-de-moda-eco-que-usa-la-reina-Sofia.html
Escobar, A. (2017). Autonomía y diseño: la realización de lo comunal. Tinta Limón.
Fry, T. (2020). Defuturing: a new design philosophy (Vol. 1). Bloomsbury Publishing.
Hickel, J. (2020). Less is more: How degrowth will save the world. Random House.
Mujer Hoy. (2024). Reina Sofía y rey Felipe, la marca de abrigos favorita sostenible [en línea]. Consultado el 27 de abril de 2026 en https://www.mujerhoy.com/moda/no-te-pierdas/reina-sofia-rey-felipe-marca-abrigos-favorita-sostenible-20240319140722-nt.html
Vox. (2024). Publicación en instagram [en línea]. Consultado el 27 de abril de 2026 en https://www.instagram.com/p/DEsWabrMAQW/?img_index=2
Wikipedia. (2024). Nanotecnología [en línea]. Consultado el 28 de abril de 2026 en https://es.wikipedia.org/wiki/Nanotecnolog%C3%ADa
Willis, A. M. (2006). Ontological designing. Design Philosophy Papers, 4(2), 69-92.
Youtube. (2024). Nanotecnología textil y reducción del consumo de agua [en línea]. Consultado el 28 de abril de 2026 en https://www.youtube.com/watch?v=-EQ5AT3lsWY
Recursos
Prompts para la generación de imágenes con Adobe Firefly
Imagen 1 — La prenda en uso cotidiano «Una persona vistiendo una prenda de tejido inteligente que tiene el aspecto de una camiseta convencional, la superficie del tejido cambia sutilmente de color y textura en tiempo real, patrones bioluminiscentes suaves visibles en la tela, luz natural diurna, fotorrealista, estética minimalista, fondo limpio»
Imagen 2 — Detalle del tejido nanotecnológico «Primer plano extremo de una superficie de nano-tejido inteligente, fibras microscópicas autoreparables visibles, texturas metálicas y orgánicas combinadas, superficie iridiscente que cambia de color, estética científica y futurista, estilo de fotografía macro»
Imagen 3 — La plataforma de diseños digitales «Una interfaz holográfica que muestra una biblioteca de diseños digitales para ropa inteligente, varias texturas y colores flotando en el aire, una persona navegando y seleccionando diseños con gestos de manos, estética futurista pero cercana, iluminación suave»
Imagen 4 — El mundo sin fast-fashion en 2065 «Una ciudad futura limpia en 2065 sin tiendas de fast-fashion, personas vistiendo ropa inteligente adaptativa que cambia sutilmente, sin residuos plásticos ni contaminación textil visible, entorno urbano verde, atmósfera esperanzadora pero ligeramente inquietante, plano general cinematográfico»




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