Fase 1: Definir la comunidad.

Hace unos años me vine a vivir a Valladolid desde Barcelona, donde había trabajado primero como freelance y luego en mi propia agencia. Actualmente, quiero reactivarme como profesional en mi nueva ciudad, para ello, lo primero que hice fue intentar entender el ecosistema local. Empecé buscando las mejores agencias de Castilla y León, y di con Pobrelavaca, una agencia de Valladolid que me encantó. Cuando vi su portfolio me di cuenta de que ya conocía su trabajo sin saberlo. Mi mujer y yo vamos cada año a la Seminci (Festival de cine internacional de Valladolid), cuya identidad visual es suya, y por otro lado, Peñafiel, el pueblo de mi madre, también lleva su firma. Si saberlo era una agencia que ya formaba parte de mi vida antes de conocerla.
Un vecino me dijo que los conocía, contacté con Félix Rodríguez por linkedin (el copropietario de la agencia), hablamos por whatsapp, le expliqué mi situación y me recomendó asociarme a DIME, Diseño de la Meseta. Justamente, la semana pasada me hice socio, y nada más hacerlo lo primero que hice fue ponerme a cotillear al resto de miembros de la comunidad en redes. Quería saber qué hacían, cómo lo hacían, qué proyectos tenían, qué les interesaba. Fue un impulso casi instintivo, una forma de empezar a observar antes incluso de presentarme.
DIME es la única asociación de diseñadores y creativos de Castilla y León. Nació hace pocos años, en 2022, con la idea de coser una red que no existía, de unir a profesionales que trabajan muchas veces en soledad, desde ciudades medianas o desde zonas casi rurales, y de poner en valor el diseño como herramienta de transformación del territorio. Es una comunidad joven, con alrededor de cuarenta socios, dispersa geográficamente pero unida digitalmente a través de Discord, con jornadas presenciales anuales llamadas Meseta Crew, y conectada a nivel nacional con READ, la Red Española de Asociaciones de Diseño.
Precisamente READ fue otro de los factores que me animó a dar el paso a formar parte de la comunidad. El año pasado, en la asignatura de ética en el diseño, conocí su código deontológico, y cuando vi que DIME lo compartía y lo exigía a sus socios, me pareció algo muy positivo. No era solo una red de contactos, eran profesionales con una ética detrás muy similar a la mía.
Desde el punto de vista del extrañamiento que propone Lins-Ribeiro, mi situación es curiosa. Soy diseñador, así que el lenguaje me es familiar, pero esta comunidad concreta me es completamente nueva. No conozco a sus miembros en persona, no sé cómo funciona la red en la práctica, no sé qué significa hacer diseño desde «la meseta». Vengo de Barcelona, con otra cultura profesional, y prácticamente acabo de llegar. Eso me da una posición parecida a la del antropólogo que describe Lins-Ribeiro: ni nativo del todo ni extranjero del todo.
Aquí es donde quiero ser especialmente cuidadoso desde el punto de vista ético. Vengo de un ecosistema muy concreto y con una trayectoria determinada, y sería fácil caer en la trampa de comparar lo que encuentre aquí con lo que conocí allí. Pero Barcelona y Castilla y León son contextos diferentes, con historias diferentes, con mercados diferentes y con maneras de entender la profesión que no tienen por qué medirse con el mismo rasero. Son, en términos antropológicos, etnos distintos. Mi objetivo no es evaluar ni comparar, sino entender. Escuchar primero, como decía el juego del laberinto, y dejarme transformar por lo que encuentre.
El acceso al campo es real y variado. Tengo contacto con los socios a través de Discord, sigo sus redes sociales y su web, tengo pendiente una jornada presencial en Valladolid y algunos encuentros informales con miembros. La comunidad me ha aceptado como socio, así que hay un consentimiento y una apertura desde el principio.




Este es un espacio de trabajo personal de un/a estudiante de la Universitat Oberta de Catalunya. Cualquier contenido publicado en este espacio es responsabilidad de su autor/a.
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